Kristian Jensen: Collecting incunabula: Enlightenment, Revolution and the Market - Rediscovereng and re-creating the earliest printed books in the Eighteenth century
Lyell Lectures, The British Library, 22 April - 6 May 2008
A lo largo del siglo xviii se produjo una decisiva reinterpretación del pasado con la intención de comprender e influir en las nuevas estructuras políticas y sociales. Kristian Jensen, en un ciclo de las Lyell Lectures, ha abordado este tema relacionándolo con la percepción, también nueva, con que los incunables fueron acogidos entre coleccionistas, instituciones y el propio mercado del libro.
Las derivaciones de la invención de la imprenta volvieron a considerarse a la luz de los intereses contemporáneos. La consecuencia fue una polarización de los puntos de vista. Aparte el debate apasionado de los especialistas, en Francia el interés por la invención de la imprenta procedía de personas -filósofos y políticos- cuya implicación primordial no era la historia del libro, sino la naturaleza de la sociedad como conjunto. En Gran Bretaña, de forma más modesta, los activistas políticos se valieron de ese tema para alimentar algunas obras de intención polémica. Se trata de una de las contadas ocasiones en las que la historia de la invención de la imprenta llegó a tener alguna importancia política. La primera conferencia [«Incunabula and freedom»] se ocupó de examinar cómo se recurrió a la invención de la imprenta para explicar una serie de cambios significativos en la sociedad del siglo xviii, ya fuera para elogiarlos o para condenarlos.
La segunda conferencia [«'May the god of Gold be with you'»] recreó las singularidades del mundo del coleccionismo de libros en la década de 1790, y lo hace valiéndose de dos modelos contrapuestos: el conde Spencer y la Biblioteca Nacional de Francia. La conferencia abordó hasta qué punto los motivos y las decisiones de uno y otra se percibieron como modelos de coleccionismo diferentes, o si en realidad lo fueron, y cómo se reflejaron ambas actitudes en el mercado. Las instituciones cuyos libros se desplazaban a Londres o a París, a menudo tenían un calendario propio y no se limitaron a ser meras suministradoras con capacidad reactiva o víctimas pasivas de la expoliación.
En la tercera conferencia [«Old books and new luxury -identifying incunabula in the market»] se abordaron los incunables como creación intelectual, como equilibrio entre valores comerciales y culturales mediante el examen de las formas de apoderarse del pasado. Lo que revela este estudio es el afianzamiento de un proceso donde diferentes corrientes intelectuales y económicas convergen creando simultáneamente un nuevo tipo de intereses y una nueva disciplina que, surgida generalmente al margen de las instituciones establecidas, tuvo como fundamento la consideración de los objetos como prueba histórica.
A medida que los primeros libros surgidos de la imprenta empezaron a ser objeto de estudios primordialmente materiales, ciertas categorías de libros que habían pasado desapercibidas hasta el momento se convirtieron en objetos muy caros. Este hecho modificó la relación existente entre eruditos, artesanos, comerciantes, coleccionistas e instituciones. Una nueva diversidad de intereses puso en tela de juicio la autoridad de cuantos consideraban un privilegio exclusivo el emitir juicios sobre libros y determinar su condición de buenos o malos.
La cuarta conferencia [«'The superiority wich books give better than horses'. Incunabula and authority»] abordó la polémica, a menudo enconada, entre los varios grupos sociales que coincidieron en torno al mismo tipo de mercancía, una polémica que planteaba a quién le correspondía el derecho a dictaminar sobre los libros.
Por último, Kristian Jensen examinó en «'Old books, very displeasing to the eye'. Re-creation and oblivion» cómo la percepción del pasado que tienen los coleccionistas de textos en el xviii se expresa a través de los objetos históricos que coleccionan. Su mirada fue perfilándose hasta acomodarse a las expectativas sobre el pasado que alumbraron los nuevos intereses políticos, intelectuales y estéticos como parte de un proceso tanto de exaltación como de supresión del pasado. Los temas políticos de la primera conferencia se vinculan ahora firmemente al examen de los libros y lo que se revela es una aproximación a menudo contradictoria pero también común a los libros del siglo xv entendidos como una categoría independiente de producto dentro del mercado.
Las fuentes documentales que inspiran estas conferencias son inéditas, procedentes de archivos de Gran Bretaña y Francia. También se ha recurrido a correspondencia entre libreros, coleccionistas, bibliotecarios y eruditos, información exhaustiva sobre precios y su evolución así como a un amplio abanico de obras publicadas en el siglo xviii, desde ensayos políticos, filosóficos e históricos hasta novelas y canciones de borrachos.
Las derivaciones de la invención de la imprenta volvieron a considerarse a la luz de los intereses contemporáneos. La consecuencia fue una polarización de los puntos de vista. Aparte el debate apasionado de los especialistas, en Francia el interés por la invención de la imprenta procedía de personas -filósofos y políticos- cuya implicación primordial no era la historia del libro, sino la naturaleza de la sociedad como conjunto. En Gran Bretaña, de forma más modesta, los activistas políticos se valieron de ese tema para alimentar algunas obras de intención polémica. Se trata de una de las contadas ocasiones en las que la historia de la invención de la imprenta llegó a tener alguna importancia política. La primera conferencia [«Incunabula and freedom»] se ocupó de examinar cómo se recurrió a la invención de la imprenta para explicar una serie de cambios significativos en la sociedad del siglo xviii, ya fuera para elogiarlos o para condenarlos.
La segunda conferencia [«'May the god of Gold be with you'»] recreó las singularidades del mundo del coleccionismo de libros en la década de 1790, y lo hace valiéndose de dos modelos contrapuestos: el conde Spencer y la Biblioteca Nacional de Francia. La conferencia abordó hasta qué punto los motivos y las decisiones de uno y otra se percibieron como modelos de coleccionismo diferentes, o si en realidad lo fueron, y cómo se reflejaron ambas actitudes en el mercado. Las instituciones cuyos libros se desplazaban a Londres o a París, a menudo tenían un calendario propio y no se limitaron a ser meras suministradoras con capacidad reactiva o víctimas pasivas de la expoliación.
En la tercera conferencia [«Old books and new luxury -identifying incunabula in the market»] se abordaron los incunables como creación intelectual, como equilibrio entre valores comerciales y culturales mediante el examen de las formas de apoderarse del pasado. Lo que revela este estudio es el afianzamiento de un proceso donde diferentes corrientes intelectuales y económicas convergen creando simultáneamente un nuevo tipo de intereses y una nueva disciplina que, surgida generalmente al margen de las instituciones establecidas, tuvo como fundamento la consideración de los objetos como prueba histórica.
A medida que los primeros libros surgidos de la imprenta empezaron a ser objeto de estudios primordialmente materiales, ciertas categorías de libros que habían pasado desapercibidas hasta el momento se convirtieron en objetos muy caros. Este hecho modificó la relación existente entre eruditos, artesanos, comerciantes, coleccionistas e instituciones. Una nueva diversidad de intereses puso en tela de juicio la autoridad de cuantos consideraban un privilegio exclusivo el emitir juicios sobre libros y determinar su condición de buenos o malos.
La cuarta conferencia [«'The superiority wich books give better than horses'. Incunabula and authority»] abordó la polémica, a menudo enconada, entre los varios grupos sociales que coincidieron en torno al mismo tipo de mercancía, una polémica que planteaba a quién le correspondía el derecho a dictaminar sobre los libros.
Por último, Kristian Jensen examinó en «'Old books, very displeasing to the eye'. Re-creation and oblivion» cómo la percepción del pasado que tienen los coleccionistas de textos en el xviii se expresa a través de los objetos históricos que coleccionan. Su mirada fue perfilándose hasta acomodarse a las expectativas sobre el pasado que alumbraron los nuevos intereses políticos, intelectuales y estéticos como parte de un proceso tanto de exaltación como de supresión del pasado. Los temas políticos de la primera conferencia se vinculan ahora firmemente al examen de los libros y lo que se revela es una aproximación a menudo contradictoria pero también común a los libros del siglo xv entendidos como una categoría independiente de producto dentro del mercado.
Las fuentes documentales que inspiran estas conferencias son inéditas, procedentes de archivos de Gran Bretaña y Francia. También se ha recurrido a correspondencia entre libreros, coleccionistas, bibliotecarios y eruditos, información exhaustiva sobre precios y su evolución así como a un amplio abanico de obras publicadas en el siglo xviii, desde ensayos políticos, filosóficos e históricos hasta novelas y canciones de borrachos.
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