Líneas de fuga: Anastasio Rojo, Giuseppe Mazzocchi, Agustín Bustamente: «Trabajo hecho, hecho está», por M.L. López-Vidriero - (López-Vidriero, María Luisa)

Termina 2017 con las tres violentas ausencias que ha dejado impuestas en la Sala de Investigación de la Real Biblioteca.

En este punto impropio, situado en el infinito, convergieron, sin llegar a coincidir, las rectas paralelas de tres modelos de investigación sobre imprenta y comercio librero, literatura española del Quinientos y arquitectura clasicista; en días diferentes, procedentes de lugares distintos, animados por el afán común de desvelar la historia en sus fuentes, Anastasio Rojo, Giuseppe Mazzocchi y Agustín Bustamante compartieron con nosotros el asombro que produce la singularidad de una colección de memoria bibliográfica histórica.

Anastasio se incorporó a la investigación sobre libro e imprenta que Pedro Cátedra y yo empezamos a impulsar en 1989 desde la Sociedad Española de Historia del Libro (1989-2006). Llegó a la Magdalena para intervenir en el curso de verano de la UIMP de 1990 y –como nos había advertido un maestro común, Klaus Wagner– supimos al escucharle que era él quien tenía las claves del comercio del libro en el siglo xvi en el norte de Castilla. «Mais ce jeune homme sais tout», me comentó Henri-Jean Martin. A partir de ese momento, Anastasio fue clave en nuestros trabajos. Su conocimiento de los archivos vallisoletanos y la generosidad con que compartía los resultados de sus investigaciones eran de dimensiones idénticas. Su investigación permitió que las nuestras pudiesen encauzarse desde otros puntos de vista, fundamentadas en la seguridad de que los nuevos datos de archivo eran el resultado de la labor científica de un experto. Sobre la biblioteca de Hernando Colón, sobre las bibliotecas de mujeres del siglo xvi, sobre los libros de Diego Sarmiento de Acuña y de su biblioteca de la Casa del Sol de Valladolid se abrieron otras vías gracias a su labor documental. El Siglo de Oro: inventario de una época, editado por la Junta de Castilla y León en 1996, fue primordial para la catalogación de las cartas del conde de Gondomar; nos beneficiamos de su labor filológica y pudimos crear puntos de acceso a una correspondencia que, sin su apoyo, hubiese perdido parte de su capacidad de información y de reconstrucción de la vida cotidiana en la España áurea. Las ferias del libro de Medina, libreros y librerías europeos instalados en Castilla y que movían los hilos del comercio y la industria librera italianos y franceses en el noroeste peninsular, el coleccionismo librario y de imágenes urbano, se analizaron gracias a él de otra manera y, a menudo, por primera vez pudieron estudiarse desde el rigor. Sus artículos en El Libro Antiguo Español y su presencia en las publicaciones del Instituto de Historia del Libro y de la Lectura prueban la profundidad de su compromiso en nuestro proyecto de estudio sobre materias históricas de la cultura escrita. Su página web es un lugar de referencia obligatorio, además, para la investigación histórica sobre libro e imprenta y para otras materias –¡tantas!– que le interesaban, como la medicina y la alimentación y todos aquellos aspectos de la sociedad y la cultura presentes en el desarrollo del medio tanto urbano como rural. Alojarla en la página de la Real Biblioteca será otra forma de continuar un diálogo que no debió interrumpirse.

Durante dos décadas fue fiel a una cita todos los viernes y El Norte de Castilla recogió aquello a lo que Anastasio le había dado vueltas, las «Parameras», que, como homenaje póstumo, ha editado la Universidad de Valladolid y se ha presentado en su nicho ecológico, un archivo. El pasado dos de noviembre, el Archivo General de Simancas recordó que la riqueza de su perfil estaba formada por su dominio del dibujo, su tendencia al surrealismo, la capacidad irónica de su escritura y su atenta mirada a la naturaleza. Deberíamos añadir su pulso fotográfico, su sabiduría micológica y, sobre todo, su buena mano para la floricultura de la amistad.

Anastasio Rojo

Avisos, 8 (febrero-mayo, 1997)

http://avisos.realbiblioteca.es/?p=article&aviso=15&art=772

Avisos, 39 (octubre-diciembre, 2004)

http://avisos.realbiblioteca.es/?p=article&aviso=47&art=942

Avisos, 50 (julio-septiembre, 2007)

http://avisos.realbiblioteca.es/?p=article&aviso=58&art=1006

Klaus Wagner también me llevó poco después, hacia 1992, a Peppe Mazzocchi. Otro encuentro de verano sobre libro y lectura en el ámbito ibérico –XIV convegno internazionale «L'Europa del libro nell’età dell’Umanesimo», Chianciano - Firenze - Pienza 16-19 luglio 2002–, organizado por el Istituto di Studi Umanistici Francesco Petrarca y la Societé Française d’Études Neo-latines, bajo la dirección de Luigia Secchi Tarugi, nos unió de manera especial. Baldisserra y Pintacuda participaban también en esas jornadas. Chianciano mostraba una de las capacidades y de los entusiasmos consustanciales a la arrasadora personalidad de Mazzocchi: la dinamización y el desarrollo de los estudios literarios hispánicos del Siglo de Oro en Italia. Su sensibilidad hacia las fuentes le hacía estimar en mucho el trabajo de las bibliotecas y de los archivos y su interés se tradujo en un esfuerzo sostenido para darlos a conocer en los seminarios que organizó en la Universidad de Pavía. Mostrar las fuentes librarías y documentales, las colecciones, las herramientas de acceso fueron empeños que entendió y vivió como un trabajo paralelo al de la investigación literaria y filológica, al análisis directo del texto. Fue consciente, por otra parte, de la importancia de dar a conocer la estructura del libro antiguo, de la legislación civil y religiosa que lo reguló, de los medios de propaganda y de censura que lo rodeaban. Coherente con esa línea, promovió la catalogación de fondo antiguo en la biblioteca de la Universidad de Pavía, y Da Cervantes a Caramuel; libri illustrati barocchi della Biblioteca Universitaria di Pavia, catálogo de una exposición realizada en 2009, mostró una parte de lo que se había conseguido. Su ánimo fue desbordante al dar esa batalla integral por los estudios de literatura hispánica en Italia desde las tierras de «lo Stato». 

Es evidente que partir de unos principios de investigación como estos cambiaba el calado de su aproximación filológica a los textos literarios y explica el avance que supusieron sus trabajos y sus ediciones críticas para el conocimiento histórico-cultural de la producción literaria en la Lombardía española. Sul Tesin piantàro i tuoi laureti, monografía y catálogo de una inteligente exposición sobre poesía y vida literaria en el Milanesado en el periodo español, prueba oficialmente, en 2002, el rigor y el nuevo punto de vista con el que se podía reconstruir la actividad de los poetas, atendiendo a la diversidad lingüística de la vida literaria: latín, italiano, español y dialecto. Las investigaciones previas de Mazzocchi sobre la materia –Lope de Acuña y Avellaneda, Sancho de Londoño, Balbi di Corregio, el teatro en Lombardía en el siglo xvii, Bembo– anunciaban la importancia de lo que propuso en esta muestra bibliográfica por lo que respecta a una nueva comprensión de la imagen de España en este ámbito geográfico-cultural. Para nosotros, abría una forma diferente de comprensión y de valoración de un fondo documental precioso, la correspondencia del conde de Gondomar, desde la perspectiva del mundo militar que ofrecían las cartas de Lope de Acuña y de los soldados poetas, durante los años de servicio a la corona del suegro de Diego Sarmiento de Acuña, como gobernador en Alessandria. Testimoniaba también Sul Tesin otro de los rasgos intelectuales de Mazzocchi, su entendimiento del trabajo en equipo, el seguimiento y prolongación de una escuela de hispanista. El elenco de firmas de los artículos de «Libri spagnoli» –Caravaggi, Pintacuda, Baldisserra, González Cuenca, Lara Garrido, Caldera, Mazzoleni, Corradini–, prueba la disposición para ser motor activo de los estudios hispánicos en Italia como una responsabilidad profesional y vital que le acompañó hasta el final y que ha quedado asegurada.

Su trabajo sobre Cancioneros también le aproximó a nosotros y el tiempo que dedicó en la Sala de Investigación al estudio del Cancionero musical de palacio, volvió a proporcionarnos la oportunidad de, una vez más, discutir sobre la procedencia de fondos bibliográficos en la colección gondomariense, sobre las trayectorias de su formación a través de otras colecciones, del papel desempeñado por los préstamos entre estos bibliófilos de la Alta Edad Moderna en la circulación y en la transmisión de la poesía cancioneril.

El estudio formaba parte del entusiasmo por la vida. Lo emprendía con la misma intensidad que pedaleaba por Pavía o que te hacía comprender que Damasco era la ciudad imprescindible, el lugar que él había elegido para jubilarse.

Giuseppe Mazzocchi

Avisos, 29 (abril-junio, 2002).

http://avisos.realbiblioteca.es/?p=article&aviso=38&art=867

Las trazas del monasterio de El Escorial de Juan de Herrera transformaron mi relación con Agustín Bustamante. En el año 2000 podíamos poner en un proyecto integral la restauración y el estudio de ese conjunto documental gráfico de excepcional importancia que son los planos recuperados para la Real Biblioteca en 1912 durante el reinado de Alfonso xiii. La Fundación Botín financió este proyecto que pudo encomendarse a los mejores expertos bajo la dirección de la Real Biblioteca. Bustamante era imprescindible para este trabajo de investigación después de haber mostrado en El Escorial en la Biblioteca Nacional (1985) una misma profundidad tanto en el conocimiento de la teoría y de la práctica de la arquitectura del Quinientos como en la familiaridad con las fuentes documentales y bibliográficas. Fue a partir de ese momento, al empezar el trabajo cotidiano en la Real Biblioteca, cuando comprobé la solidez de su formación intelectual e investigadora: los valores por los que habíamos propuesto su nombre se basaban en una rigurosa metodología del trabajo científico, capacidad de compromiso con la investigación, planificación y una aguda inteligencia para convertir el rigor de la revisión del trabajo de los becarios en una herramienta didáctica, manejada con respeto y cercanía. Las trazas de Juan de Herrera y sus seguidores (2001) reunía la investigación histórica y la descripción de los planos y dibujos que Agustín Bustamante, Javier Ortega y Delfín Rodríguez habían llevado a cabo. El resumen bibliográfico que acompaña a cada una de las descripciones deja patente el riguroso conocimiento que tenía ya Bustamante, en 1994, de la configuración del edificio y de la evolución del núcleo arquitectónico desde Gaspar de Vega a Francisco de Mora.

La terminación del proyecto de las Trazas abrió la puerta a visitas de estudio frecuentes. Agustín se convirtió en un asiduo investigador de la Real Biblioteca y su entrada en la Sala venía casi siempre acompañada de un mismo saludo ritual: «al fin, este remanso de paz» decía él, «Agustín, las apariencias engañan», respondía yo. Y así, a lo largo de estos años, hemos visto con Agustín –porque su entusiasmo era afortunadamente desbordante y participativo– nuevos aspectos de la historia de Europa y de sus protagonistas a través de los grabados y de los mapas de la Real Biblioteca que él sabía interpretar como un conjunto único, con el valor excepcional que, como colección gráfica, le confiere el haber sido formada con un criterio histórico en relación con los usos de una época.

Hogenbergh, Tempesta, Goltzius, Eytzinger, Giovio… y siempre El Escorial a través de Francisco de los Santos, porque Bustamante consideraba que en un tema de investigación no se agotan las preguntas. Ese afán de respuestas le llevó a estudiar las antigüedades de una forma diversa, buscando su valor interpretativo dentro de la cultura moderna europea, en los álbumes facticios de grabados italianos a través de los que logró identificar un discurso histórico gráfico capaz de explicar una mentalidad barroca a partir del coleccionismo real ilustrado.

Las líneas de Anastasio Rojo, Peppe Mazzocchi y Agustín Bustamante se movieron por encima del huerto cerrado pero se encontraron en este punto.

Agustín Bustamante

Avisos, 27 (octubre-diciembre, 2001)

http://avisos.realbiblioteca.es/?p=article&aviso=36&art=855

Avisos, 62 (septiembre-diciembre, 2010)

http://avisos.realbiblioteca.es/?p=article&aviso=70&art=1066

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