Delgado Casado, Juan, Un siglo de bibliografía en España: Los concursos bibliográficos de la Biblioteca Nacional (1857-1953). Madrid, Ollero y Ramos, 2001, 2 v. - (Lois, Concha (BNE))

Delgado Casado, Juan, Un siglo de bibliografía en España: Los concursos bibliográficos de la Biblioteca Nacional (1857-1953). Madrid, Ollero y Ramos, 2001, 2 v.

Concha Lois (BN)

Acaba de publicarse un exhaustivo trabajo de Juan Delgado sobre los concursos bibliográficos de la Biblioteca Nacional, que, como claramente indica el título, es la historia de un siglo de bibliografí­a en España.



Presentado como tesis doctoral en la universidad Complutense de Madrid en 1999, aparece ahora en dos volúmenes editados por Ollero&Ramos con la impecable presentación que ya es conocida en sus ediciones de carácter bibliográfico.

Esta investigación sobre la historia de los concursos bibliográficos, realizada en el Archivo de la Biblioteca Nacional, constituye una fuente inapreciable para el estudio de la historia de la bibliografía, de la función de la Biblioteca Nacional, de la historia del libro y de las ideas en España durante todo un siglo, que, por ser el más cercano a nosotros, es el menos estudiado en algunos de estos aspectos (1). Pero los casi cincuenta años transcurridos desde el final de esta etapa hasta ahora, permiten y aconsejan la reflexión sobre la misma, y para ello la investigación llevada a cabo por Juan Delgado es un avance trascendente.

El Reglamento de la Biblioteca Nacional, de 7 de enero de 1857, surgido de la política centralizadora en materia de educación y cultura que representa la figura de Claudio Moyano, y que atribuye unas funciones concretas a la biblioteca y a la bibliografía nacionales, pone en marcha los concursos bibliográficos, en sus artí­culos 102-110. Inmediatamente, el día 10 de enero del mismo año, se convocó el primer concurso. Desde esta fecha hasta 1953 se convocaron anualmente con escasas interrupciones, algunas forzosas como la impuesta por la guerra civil.

La obra consta de tres partes claramente diferenciadas: la primera es un estudio general de los concursos, sus características y su desarrollo administrativo. La segunda es la historia de estos concursos, año por año, basada en la documentación del archivo de la Biblioteca Nacional. Y la tercera es la bio-bibliografí­a de los concursantes, acompañada del análisis de las obras presentadas siempre que se han podido localizar, ya que muchas de las no premiadas fueron devueltas y se han perdido.

Esta tercera parte es la más amena e interesante de la obra, pese a que las dos anteriores son fundamentales para entender la política bibliográfica y bibliotecaria de todo el perí­odo. Con el estilo fluido que le conocemos, Juan Delgado nos introduce fácilmente en un terreno y tan apasionante para él como es el de su propio quehacer: nos explica quién y cómo es cada bibliógrafo, cómo alguien puede iniciar e incluso terminar la tarea de recoger los escritos existentes sobre el tema de su interés, ya sea este su profesión o su afición. Lo hace con rigor y precisión, y nos ilustra con abundante documentación sobre la trayectoria profesional de ciento cincuenta y tres bibliógrafos: marinos, ingenieros, médicos, científicos, historiadores, y cómo no, bibliotecarios, algunos bibliógrafos natos, como Hidalgo, Gallardo o Pérez Pastor, empeñados en la ardua tarea de reunir y mostrar la producción bibliogréfica de un periodo o una localidad. Es la propia tarea del autor de esta obra, y por lo tanto nos habla de ella como de algo bien conocido. La lectura es tan atractiva como la de una buena narración (2).

Ciertamente hay otras lecturas y otros méritos que resaltar, como son la precisión de los datos, tan meritoria por ser tantos (novecientas noventa y dos notas, bibliográficas o aclaratorias, completan el texto), el rigor de los análisis (tras cada descripción se relacionan las partes de que consta la obra) y la prudencia de los juicios, basados siempre en los argumentos de los jurados correspondientes y tan ponderados que el lector puede extraer su propia valoración fácilmente; la abundancia, pertinencia y actualidad de la bibliografí­a, resultado de muchas horas de trabajo y de una gran capacidad para agotar todas las fuentes, la facilidad de consulta que proporciona la ordenación alfabética por apellidos, y la calidad de los í­ndices de personas citadas y de tí­tulos. Se echa en falta un índice de temas o materias, que sería útil para ciertas pesquisas.

Es, en definitiva, una obra notable, de erudición y precisión admirables, que completa y enriquece nuestro conocimiento de los repertorios bibliográficos españoles.

Su lectura invita también a la reflexión sobre la enseñanza y la práctica de la bibliografí­a en España. El análisis de este conjunto de bibliografí­as, ciertamente "de otro tiempo" (si bien algunas de las mejores resultan actuales por la vigencia del método empleado), reunidas por el hilo conductor de los concursos bibliográficos, llama la atención sobre lo que ha ocurrido y todaví­a ocurre con la enseñanza de la bibliografía en nuestro paí­s. No hay más que una cátedra de bibliografí­a en la Universidad Complutense, ligada a la licenciatura de filologí­a, por lo que muchos especialistas en otras materias jamás han recibido durante su carrera alguna noción de las escuelas bibliográficas y de la técnica de la descripción de impresos y manuscritos o la elaboración de repertorios. Los cursos para posgraduados, como los de la desaparecida Escuela de Documentalistas o la antigua de Diplomática, que han sido para tantos introducción al estudio de la bibliografía, no existen en la actualidad.

Sin embargo, muchos estudiosos de un tema se sienten llamados a recoger y difundir la bibliografía sobre el mismo, aun a pesar de no saber cómo hacerlo. No se piensa que es necesaria una técnica, con un sustrato teórico, para emprender estos trabajos. El resultado es una gran cantidad de obras bienintencionadas pero incompletas, o escasamente útiles, o poco fiables, o carentes de complementos esenciales. Pero enormemente meritorias, sobre todo porque no hay otras. Junto a estas, se encuentran entre los documentos presentados a los concursos, y sobre todo entre los premiados, las grandes obras de la bibliografí­a española, no superadas hasta hoy.

La permanencia durante un siglo de los concursos bibliográficos, que tanto ha favorecido la compilación de repertorios, no ha sido acompañada por la necesaria sistematización y difusión del estudio teórico y práctico de la bibliografí­a, que en otros paí­ses (Italia, además de Alemania y de Gran Bretaña) sí­ es disciplina estudiada en las universidades e institutos especializados de estudios superiores. La nueva etapa de los concursos bibliográficos, iniciada en 1992, no ha hecho sino poner en evidencia esta situación, que continúa inalterada. Tomar conciencia de ello puede ser el primer paso para impulsar iniciativas necesarias.

Es inevitable celebrar aquí que la aparición de esta bibliografí­a de bibliografí­as y este estudio histórico haya coincidido casi con la inauguración de los nuevos espacios destinados a Información Bibliográfica en la Biblioteca Nacional. La magnífica colección de bibliografí­as españolas que alberga, reunida gracias al esfuerzo de varios bibliotecarios, sobre todo de Justo Garcí­a Morales y Mercedes Dexeus, en cuya actualización y nueva instalación ha participado con entusiasmo el equipo que he tenido la satisfacción de dirigir estos últimos años, y en el que se encontraba Juan Delgado, destinado ahora a continuar esta labor, tiene por fin el ámbito que merece para ser adecuadamente conservada y utilizada por los investigadores, los bibliotecarios y los estudiantes de todo lo relacionado con el libro.

Por todo ello, hay que felicitarse por la aparición de esta obra, que será germen de nuevos trabajos en una época que, quizá coincidiendo con el inicio del siglo de los nuevos soportes, promete ser fructí­fera en estudios sobre historia del libro.

 



(1) La Historia de la bibliografía, de José Fernández Sánchez, Madrid: El Museo Universal, 1998, solo llega al final del siglo xix.



(2) La casuística es innumerable, y las anécdotas curiosas. Más que curioso es digno de atención el caso de Luisa Cuesta, la única mujer premiada, además por dos veces, cuyas obras permanecen inéditas y no posee la Biblioteca Nacional.

 


 


 

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