Ex Bibliotheca Gondomariesi. La Batalla de Lepanto en la correspondencia del Conde de Gondomar - (Ex Bibliotheca Gondomariesi)

EX BIBLIOTHECA GONDOMARIENSI

La Batalla de Lepanto en la correspondencia del Conde de Gondomar

En el proceso de catalogación de la correspondencia del conde Gondomar han aparecido dos relaciones de la batalla de Lepanto (II/2211, 56 y 68). De la llamada ocasión de Lepanto se conocen diversas relaciones, varias publicadas en la Colección de documentos inéditos para la historia de España, a cargo de Miguel Salvá y Pedro Sáinz de Baranda en sus volúmenes III (1843), XI (1847) y XXI (1852), los tres impresos en Madrid por la viuda de Calero. La primera de las relaciones que ofrecemos tiene la singularidad de estar escrita sobre papel turco, probablemente tomado en la batalla, a tres dí­as de los hechos. La segunda, anónima, ofrece datos precisos sobre lo apresado. Las dos están dirigidas a Lope de Acuña, suegro del conde de Gondomar y militar de prestigio; firma la primera Nicolás Augusto de Benavides, que estuvo en el choque naval. Tal vez pertenecí­a a alguna línea de los marqueses de Javalquinto, de los de Frómista o de los de los condes de Santisteban del Puerto, emparentados con el marqués de Santa Cruz por su segundo matrimonio. Son escasos los estudios sobre circulación del papel otomano en Europa durante el siglo xvi, aunque consta que el marmolado procedente de Constantinopla alcanzaba buenos precios. En efecto, el papel que soporta la relación de Benavides -con mayor textura y apresto a causa de la tinción que le otorga brillo y percepción amarfilada- es bien distinto del occidental que corría habitualmente.

 

Relación de la batalla de Lepanto de Nicolás Augusto de Benavides, dirigida a Lope de Acuña.

(De Portofigo, a diez de otubre de 1571). [II/2211, 56]

En Madrid, al tiempo que me partí, me mandó Vm. le abisase de donde quiera que se me ofresciese con quién, el discurso desta jornada muy particularmente, y e tenido tan en la memoria escribir a Vm. en esto y en todo lo demás que yo e podido y pudiere que no faltaré punto como estoy obligado, pues lo debo a la merçed que siempre Vm. me a echo, y e dejado esto aparte. De Meçina, con el correo que de allí­ partió el dí­a que nos hizimos a la bela, escrebí­ a Vm., y con todos los demás que se me an ofrescido muy particularmente de lo suçedido hasta allí­, y tanbién de la armada y jente que en ella yba, que en suma fueron 34 mill honbres de tomar armas, y los bajeles 218 galeras reales, las doze de Su Santidad y las 90 de Su Magestad y las demás de Beneçia, y seis galeazas tanbién de la señorí­a y sesenta fragatas y 23 naos gruesas, las quales caminaron con nosotros algunas millas y por tenporal no peligroso mas contrario, se ubieron de apartar antes del cabo de las Colunas, y nunca más las hemos bisto, aunque se entiende que están en salbo. Del cabo de las Colunas nos engolfamos a la ysla de Gorfo, o Corfú, que otros llaman, de donde la armada turquesa abí­a partido diziséis días abí­a, abiendo quemado la tierra y no yntentado nada contra la fuerza, que es un castillo que dudo yo abelle más fuerte en el mundo ni más bien artillado, porque tiene quatroçientas piezas de bronçe, estas encabalgadas, y más de otras dozientas en tierra, que todo nos lo dejaron ber con más boluntad que si fuéramos benecianos, haziendo la misma confianza, por donde se puede entender la gran concordia y ser de mano de Dios esta santa liga.

Salió de aquel puerto el señor don Juan con toda su armada el día de san Miguel con determinación de procurar sacar a barreras, como dizen, el armada turquesca si la hallase en puerto muy guardado, y si en la mar, como a sido, darle la batalla. A seys de este que fue sábado en la noche, salimos de un puerto que está entre las dos yslas Chefallonias, grande y chica, que se llama de la Gumeneta, con una noche muy buena, y a las siete oras y media del día siguiente, domingo, 7 del presente, descubrimos la armada turquesca ya puesta en batalla a ocho millas o nuebe; y esta felize armada de la santa liga hizo lo mismo con mucha façilidad poniendo el señor don Juan el estandarte de ella que Su Santidad le ynbió los días pasados, en que está un crucifijo, y tomando otros Su Alteza, pasó por toda su galera animando su jente. A las diez oras y media del dí­a, que fue muy claro y la mar muy mansa, cosa muy milagrosa, que hasta allí­ abí­a siete o ocho dí­as que andaba algo alterada, se comenzó la batalla con gran ánimo y regocijo de nuestra parte. Dando principio las seys galeazas, que las remolcamos con algunas galeras en que fue la mí­a, que es la capitana de David Ynperial jinobés, cuyo capitán es Bartolomé Ynperial, y la pretrona [i.e. patrona] de Juan Andrea en que yba Françisco de Ybarra, que está bueno, sacamos la una de ellas y dejada y las demás a tiro [a tiro, iter.] de arcabuz de nuestra armada y a tiro de cañón reforzadas /// lugar seguro de todo su esquadrón porque como ellas estauan en /// la a trechos una de otra dáuanles en los quernos y batalla, y ansí­ comenzaron [a] ar[r]ancar la buelta nuestra, hechos tres esquadrones, y en el esquadrón del lado ysquierdo que hazía fren[te] con el derecho nuestro, en que yua el señor Juan Andrea con cinqo galeras. Venía Auchalí con gran golpe de ellas, los otros dos pafanís girauan. Pialí, bajá de la mar, en la batalla contra el señor don Juan, el lado derecho giraua, el bajá de tierra contra el ysquerdo nuestro en que yuan venezianos y don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, con treinta galeras de socorro. Y con esta orden se uinieron a enuestir las dos harmadas mayores que se an uisto munchos años a, siendo la nuestra de 216 galeras, por auer ynbiado algunos dí­as antes dos a la Pulla [i.e. Puglia] por zierta gente que no auí­an uenido, y seis galeazas, y la del enemigo de 190 galeras reales y quarenta galeotas. Las primeras galeras que enuestieron unas con otras fueron las del señor don Juan y las de Pialí, que lleuaba la real del gran turco y luego el cuerno ysquierdo nuestro con el derecho suyo apartando solo enemigos, todo lo que pudieron de las galeazas con las quales tení­an orden de no pelear. Uchalí­ no enderezó al lado derecho nuestro, el cual estaua apartado cerca de un tiro de arcabuz del batallón del medio sino que pasó por este espazio, creo con dezinis [sic] de tomarnos las espaldas, según parezió, porque acauando de pasar tomó [corr. sup. lin. bolbió] la proa contra el uatallón del medio. En este pasar que hizo no colaron con él la mayor parte de sus galeras porque no cer[r]aron con ellas galeras de ella de derecho y de las del señor don Juan tanbién, y ansí se mescló casi todo la uatalla, quedando algunas galeras nuestras que yuan de socorro a la nuestra entre las quales fue la mí­a que estaua de socorro para la que estaua, junto a ella, mas luego tubimos bien en que entender con otras suyas que quedaron en retaguardia de Auchelí. Peleóse tres oras sin conoçerse notoria ventaja con grande ánimo de entranbas partes, siendo tan sangrienta que forçó al mar a mudar su color en carmesí­, y esto es aberiguado.

Al cabo de este tiempo fue Dios seruido que la uictoria se aclaró por nuestra parte durando todabí­a la batalla hasta çerca de puesto el sol con los honbres; y la noche fue con los bageles, que acabaron muchos de ellos con fuego haziendo luminarias. De ellos [algunos] han quedado en pie para poderse seruyr de ellos, que lleuamos por popa çiento y quarenta sin más de otros quarenta que se han quemado y dado al traués, de los quales se saluó la gente por estar tan çerca de tierra que auí­a tiro de arcabuz y es una montaña por donde deçiende un río grande çerca del qual pasó esta batall. Y junto a cabo gordo, ocho millas o diez de la boca del golfo de Lepanto, tomóse la galera del baxá de tierra y en ella le mataron a él. Y la galera real del señor don Juan enbistió con la real del gran turco y siendo ayudada de otras dos galeras la rindió, aunque pelearon lentí­simamente los de dentro. Haziendo por nuestra parte [ma]rauillas, se sentí­a forçada por nuestra real, a quien el señor don Juan desarró y dio libertad. Murió en la dicha galera Aló Baxá, al qual mató de una estocada un soldado de los de la guardia del señor don Juan, abiéndole primero dicho que se rindiese y él respondió «yo soy el baxá y no me rendiré sino que te mataré» y en esto alçó la cimitarra, mas llegó la punta del soldado primero y ansí cayó muerto en un remiche porque él estaba en cuxí­a [i.e. crují­a] junto al estanterol. El perro de Auchulí escapó con la poca armada que quedó, que creo no llegan a çinquenta, según la común opinión la mayor parte galeotas. Tomáronse en prisión dos hijos del bajá de la mar, nietos de Solimán, el gran turco pasado, pequeños. El menor muy agudo y el mayor de muy buen reposo, los que les estaban en otra galera, en la popa de abajo, con algunos criados que les defendían la entrada. No se quisieron rendir sino a caballero porque dezían que si no les daba la palabra de seguridad de bida algún caballero que no se darí­an, y en fin se entregaron a dos de no sé quántos que allí­ se hallaron, que les prometieron de guardársela por entonçes y rogarí­an al señor don Juan se la otorgase, aunque no serí­a menester. Y lleuados a Su Alteza estuuieron muy tristes. Y diziéndoles el señor don Juan que hablasen y se alegrasen, respondieron que cómo lo harí­an no teniendo seguridad de sus vidas; y el señor don Juan los aseguró y dijo /// tratamyento, y con esto estubieron de conbersaçión y dixeron que Auchelí no osaría volver delante del gran turco porque le harí­a cortar la cabeça, y pidieron çiertos criados suyos y se los han traydo de la otra galera. Mas con todo eso se les arrasaron los ojos de agua la mañana siguiente, uiendo pasar la galera real de su padre, y çierto fue un trofeo estraño, y para dar mil graçias a Dios ber pasar al señor don Juan con ella detrás por popa. Su Alteza fue herido en el pie de un frechaço aunque fue poca cosa y dijo de comer ayer en la galera de Juan Andrea y con el prí­ncipe de Parma y el de Urbino y el conde de Santa Flor y Marco Antonyo Colona y el comendador mayor. Juan Andrea estubo tan comedido que aunque lo rogó y porfió porque se sentase  no quiso. Yo entré en ella con dos caballeros. Y Su Alteza, muy regoçijado y con una camysa muy negra que no se la abí­a mudado después de la batalla y que mostraba bien el trabajo que abí­a tenido, dízenme que, hablando en la comida en la batalla y engrandeçiéndosela como ella mereze, dijo: «esta jornada era para mi padre». Por entender que darán gusto a Vm. estas particularidades [las cuento], y ansí dirá las demás que se ofrezieren más. Ayer por la mañana, don Bernardino de Cárdenas, de un escuarilaçazo que le dieron en una rodela fuerte, que con el golpe, aunque no hirió, le echó de la crují­a abajo de nuestra galera real de donde peleó y del golpe se le rompióla y él murió. El conde de Biati, napolitano, y otros muchos caballeros ay heridos grandíssima cantidad. No se a perdido dos cascos de galeras aunque han pasado los enemigos a cuchillo algunas enteras, entre las quales fue la capitana de la religión de san Juan, la qual conbatieron siete galeras y quieren dezir que llegó Auchelí­ con la suya. Murieron en ella treynta caualleros de la orden, y el baylio de Alemaña, y hizieron y cautibaron al general y saquearon lo que abí­a, y en este ynterin llegaron a socorrerla tres galeas de las nuestras y así dexaron al general y galera desierta, echándolos los nuestros a cuchilladas a la mar. Tanbién pasó el propio trançe la capitana de Nicolò Doria y en ella don Juan de Silva, capitán de infanterí­a española, con su compañí­a y ofiçiales, los quales me dijeron que murieron, aunque no lo sé çierto, con el capitán de la galera y otra gente particular que allí­ yba, y ansimismo la patrona de Saboya y san Juan de Siçilia y otras, algunas de Veneçia, cuyo número no sé, aunque no llebaron ninguna ni echaron a fondo. No podré dezir çierto la gente que falta. Júzgase faltarán tres mill soldados y entre ellos mucha gente particular. Ay muchos heridos aunque son los más de flechas, armas de poco peligro en lo ordinario, y téngolas muy en poco después que las he visto. Es gente que pelea bien y con gran furia y ansí es menester resistirles con gran fuerça. El primer í­mpetu tengo entendido que los romperemos todas la uezes que de bajeles y gente ubiere ygualdad. Ay heridos según me han dicho de Balladolid, don Juan de Miranda, de un arcabucazo y Francisco de Corral de dos flechazos. Yo /// maltrecho de una pierna y de anoche acá me a recresçido un poco de calentura, mas todo será nada con ayuda de Dios que fue seruido que escapase dos vezes de ahogarme al entrar en una galera turquesca y al salir después de rendida, volviéndome a mi galera, que los cocheletes, aunque sufren flechazos, son peligrosos para andar sobre agua. Biene en esta galera el capitán Juan de Angulo, que lo hizo muy bien con su compañí­a, es muy seruidor de Vm. Benimos de camarada[s] el capitán Antonio de Ayala y Juan Bautista de Espinosa, de ay de Balladolid y de Sebilla, que aunque trae antojos y tiene çien mill ducados de hazienda a querido benir a esta jornada y lo a echo muy lo que debe.

Esto es lo pasado. En lo porbenir esperamos que el señor don Juan executará y se aprouechará de la uitoria sin perder la ocasión que Dios presenta y ansí se entiende pasáramos adelante con tal que el ynbierno entre. Plega a Dios que pues a sido seruido de darnos tan señalado prinçipio con haber roto una tan poderosa cuyo número se dize ser muncho mayor que el que yo aquí pongo, beamos en nuestros días la ruyna de /// ynfieles turcos tan arrogantes y soberbios que diz que bení­an a nosotros como a cosa echa, mas Dios a que /// soberbia como ellos meresçen. Suplico a Vm. ynbí­e esta carta al señor don Pedro, cuyas manos beso mill bezes, y que la tenga por suya pues podí­a entender por ella lo que su merçed deseara saber, y que me perdone, que no puedo hazer otra cosa porque estoy tan ruyn que no e podido acabar esta de mi letra toda, aunque la comenzé, y que a mi señora y hermanos beso las manos munchas bezes; y nuestro Señor la muy illustre persona de Vm. guarde y en estado acresçiente como sus seruidores de Vm. deseamos. De Portofigo, y a diez de otubre de 1571 años. Lleban la nueua de esta uitoria el conde de Pliego a Su Santidad y don Hernando de Mendoza, yerno del birrey de Mallorca, al Enperador; y don Pedro Zapata, de la cámara de Su Alteza, a Benezia; don Lope de Figueroa ba a Su Magestad. El contador Pradilla está bueno, que me lo ynbió a dezir oy con unos caballeros que comieron con él.

No somos tan curiosos los españoles como los turcos, que bruñen el papel como por este paresçe, que me dio un soldado no sé quánto. Muy illustre señor, besa las muy illustres manos de Vm. su mayor seruidor. Nicolás Augusto de Benauides.

[Endoso:] Al muy illustre señor don Lope de Acuña, gobernador de Alajandría, en la posada del señor cor[r]eo. Al porte dos reales. Madrid. [Del revés]: dominus meus et deus meus / Jhs infinitas ueçes.

 

Relación de la batalla de Lepanto dirigida a Lope de Acuña.

(En Madrid, a 18 de nobiembre de 1571)

Lo que se entiende de la vitoria que el señor don Juan a hauido del Armada del turco sobre el cabo de Lepanto en 7 de otubre. [II/2211, 68]

Eran las galeras de los enemigos 225 reales y número a 300 con galeotas y fustas. Fue el primero que envistió el señor don Juan con la real enemiga, aconpañada la suya de la capitana y patrona del comendador mayor y la enemiga de siete de las suyas. Duró la pelea hora y media con gran daño de la una y otra parte, conoçiéndose luego la victoria de la nuestra con la muerte del bajá, que murió de un arcabuçaço y tantos turcos que no ay número. Quedan en poder del señor don Juan dos hijos suyos del bajá y de tres a quatro mill turcos y 170 galeras reales y 25 galeotas de doçe bancos arriba y las demás echadas a fondo o quemadas de çinco galeras con que el rey de Argel se huyó y otras dieziséis galeotas. De nuestra parte murió don Bernardino de Cárdenas y un sobrino del doctor Velasco y de çinco a seis mill soldados y muchos heridos, los demás quedan buenos. El señor don Juan, la ora de ahora estará en Meçina, sano de su herida y con diez mill cristianos libres.

Esta nueua y confirmaçión a llegado al Escorial y aquí oy 18 del dicho con un correo que partió del armada a los 27 del pasado, que dejó en Corfú y ya de camino para Meçina.

La persona que el señor don Juan enbía a Su Magestad es don Lope de Figueroa a el qual dejó este correo en Monpelier en Françia y este correo partió después 10 u doçe dí­as.

Han tocado de la parte de las galeras presas a Su Magestad 58 galeras y media, seis galeotas y media fusta, sesenta y tres cañones de crují­a, onze cañones pedreros, duçientas y 19 pieças menudas diuersas. Otro tanto toca a Su Santidad y señores veneçianos. La déçima que toca al señor don Juan de la parte que toca a Su Santidad y a los beneçianos son seys galeras y 174 esclauos.

 

 

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