En memoria del encuadernador Manuel Bueno - (Quiney, Aitor (Biblioteca de Catalunya))

Hace poco más de un año que fallecieron el encuadernador, afincado en Barcelona, Ramón Gómez Herrera (1938-2017) y el gaditano Antonio Galván Cuéllar (1931-2017). Recientemente lo ha hecho don Manuel Bueno. El «don» se lo pongo delante porque siempre le traté de usted, a pesar de haber mantenido largas conversaciones y hecho proyectos juntos. Con Ramón Gómez, el trato fue más fácil y el «don» no me lo aceptaba. Efectivamente, don Manuel Bueno falleció el 6 de octubre de 2018 en Barcelona, con ochenta y cuatro años de edad. Su familia quiso recordarlo en la esquela con los últimos versos del poema de Joan Maragall, Cant Espiritual (1910).
 
No hay ninguna sombra de duda de que don Manuel Bueno deja una obra artística a la altura de los encuadernadores más importantes españoles y catalanes de los siglos XX y XXI. De los primeros, los desaparecidos Antolín Palomino Olalla (1909-1995) y José Galván Rodríguez (1905-1989), entre los maestros de maestros; de los segundos, Emilio Brugalla (1901-1987), igualmente sin sombra de duda, al que considero como la quintaesencia de la perfección técnica en el dorado a pequeños hierros y en su combinación con el mosaico de pieles. A estos tres encuadernadores se les puede englobar dentro de una encuadernación clásica en el sentido de que los tres utilizaron el dorado a pequeños hierros y su combinación con el mosaico, al margen de los estilos de cada uno de ellos. Don Manuel Bueno, junto a Santiago Brugalla (Barcelona, 1929), que abrió el camino, en la década de los Sesenta del siglo XX, de la decoración de encuadernaciones hacia nuevos lenguajes estéticos, han sido los últimos de entre los mayores de edad –no incluyo aquí a los grandes encuadernadores que existen hoy día en la península menores de setenta años–, que supieron dominar las técnicas clásicas de decoración y, a la vez, supieron inventar nuevas técnicas con las que evidenciar nuevas formas de expresión. 
 
Don Manuel Bueno, cuya técnica de dorado era impecable, siempre tuvo claro que la evolución de un artista era necesaria para crear un nuevo lenguaje estético pero, también, que se podía ser un clásico contemporáneo, utilizando nuevas técnicas que pudieran coexistir con la base técnica del dorador. La vivencia propia del proceso creativo y el enriquecimiento profesional fueron la base para su evolución, dejando al margen la estética final de la decoración. Su gran aportación técnica ha sido el tratamiento pictórico que ha dado a los diseños, al dibujo de los diseños, a partir de películas de color adheridas con calor. Una técnica mixta de dorado y pintura, a veces unida a mosaico y dorado a pequeños hierros. Las decoraciones para Platero et Moi o Gaudí, por ejemplo, son ejemplos de estas técnicas mixtas con las que Bueno consigue obtener sobre la piel marroquín un dibujo plástico de gran eficacia. Estas mismas técnicas fueron las que usó para los dos ejemplares de la Real Biblioteca con cifra real de 2000 y 2001, firmadas por él siempre en la parte superior de la contratapa y siempre con oro o palladium.
 
El primero, sobre el libro del poeta Pere Gimferrer Marea solar, marea lunar, ganadora del IX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, es un ejemplo de la mezcla entre la técnica del mosaico y la de pintura con película, en este caso, con relevancia en la película de oro y de plata, en alusión plástica a las mareas solar y lunar del título. Los efectos de sombra que consigue con películas de diferentes colores sobre los mosaicos que forman barcos a la deriva del mar son sorprendentes por su calidad pictórica.
 
En el segundo, sobre el libro del poeta «antipoeta» chileno Nicanor Parra –también «muerto de risa» a principios de este año–, al que le gustaba «tirarle pájaros a las piedras», titulado Páginas en blanco, X Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, Bueno utilizó únicamente la técnica de la pintura para la decoración de los planos. Sobre el marroquín color habano, Bueno pintó con «los colores violeta y rojo para los amantes, marrón para las figurillas y azul para los crucifijos», el tema simbolista de la decoración, realizando las figuras a partir de líneas concretas y sombreados del mismo color de las líneas, consiguiendo una perspicaz representación de la escena. 
 
Ya no como aportación genuina pero sí como técnica en desuso, en muchos de los libros encuadernados por Bueno, el artista asumió el riesgo inequívoco de cincelar los cortes superiores con escenas decorativas alusivas al texto o con elementos decorativos genéricos. En el caso de las dos encuadernaciones de la Real Biblioteca, fue con la técnica del cincelado con la que dibujó la cifra real de la reina Sofía.
 
Un recuerdo a don Manuel Bueno. 


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