Resumen
La biblioteca de Cánovas del Castillo se dispersó a su muerte. José Lázaro Galdiano, preocupado por la unidad de las colecciones, adquirió alrededor de un millar de libros de esa colección y, fiel a su deseo de unidad, conservó su exlibris, encuadernó las piezas más deterioradas y las distinguió con el superlibros A.C. del C. sobre el lomo. El archivo, que conoció menos disgregaciones que los libros, también fue adquirido por Lázaro, probablemente antes de fallecer la viuda de Cánovas.
