Resumen
Desde que en 1605 el padre Sigüenza explicó el descontento del Felipe II con el Martirio de San Mauricio y la legión tebana, este famoso cuadro ha tenido una variada fortuna crítica que culmina en torno a 1992, cuando finalmente diversos estudios contextualizaron el episodio dentro del complejo ámbito de la decoración de la Basílica
